viernes, 8 de diciembre de 2017

Cuento de Navidad 2014



Copiado de mi blog sanniasa


jueves, 25 de diciembre de 2014





3Ríos desvió un momento la mirada del holograma que estaba examinando para posarla en MarBreve, que en aquel momento se estaba mordiendo la punta de la lengua, acto reflejo de su nerviosismo.


-¿Te falta mucho para acabar?


-Solo me queda una anomalía sin explicación en el segundo aro del fondo de microondas y alrededor de Francisco, respondió MarBreve.


-¿Está en modo expansivo?


-No; todo indica que es circular y recursiva, como el conjunto. Está como siempre


-Pues entonces, déjalo. Nos quedan pocos minutos para que lo creen.


-¿Siguen la pauta?


-Mar, no puede ser de otra forma. No te preocupes.


-¿Qué están haciendo?


-Francisco está a punto.






Un mes antes, Francisco estaba leyendo la prensa en el ordenador. Le gustaba tomarse unos minutos a solas en su oficina para repasar las tristes y repetitivas noticias de lo que al mundo le dolía, antes de empezar a leer la ristra de correos que le esperaba todos los días.


Hacía frío en Madrid, pero no en su despacho. Febrero de 2014 estaba resultando especialmente duro y ya había nevado en un par de ocasiones. Las portadas de los periódicos digitales abrían con información meteorológica. 


Francisco fijó su atención en un pequeño recuadro en el que aparecía el nombre de Roger Penrose. Su preparación académica como físico, aunque sin ejercer, le permitió entender entre las tonterías que solían escribir los periodistas el verdadero sentido de la noticia. Eran las 09:12 de la mañana. Mientras leía, el teléfono móvil registró la entrada de un mensaje que no quiso atender. Pero siguieron entrando mensajes, hasta un total de siete, logrando que Francisco abandonase la lectura de la noticia y se concentrase en el móvil. Abrió la bandeja de entrada y pudo comprobar que los últimos mensajes que tenía provenían todos de una identidad oculta y contenían el mismo texto:


Penrose y Gurzadyan han marcado el camino correcto, pero aún os faltan capacidades para poder leer correctamente el fondo de microondas. Queremos explicártelo porque necesitamos hablar contigo. Te acaba de llegar un correo; por favor, léelo y contéstanos”.


Francisco se quedó tan helado como el aire de la calle. De inmediato pensé en una broma, en una o varias cámaras ocultas que permitiesen coordinar sus acciones con los mensajes. Miró al techo y no vio nada extraño. Tampoco en las paredes. El ordenador se lo había llevado a casa, como todos los días, y estaba casi seguro de que no lo había tocado nadie. El teléfono volvió a registrar la entrada de un nuevo mensaje. Francisco se abalanzó al menú y pudo leer el nuevo texto recibido:


No es una broma. Por favor; abre el correo”.


Francisco sudaba a mares. Era imposible que estuviese sucediendo esto. Imposible. Llevaba tres semanas trabajando en los dos nuevos proyectos y estaba realmente agotado. Eso debía ser; agotamiento. Se levantó y salió de su despacho para dirigirse a la expendedora de agua. A esas horas todavía no había demasiada gente en la inmensa sala repleta de sillas, ordenadores y exiguas mesas que impedían la mínima traza de personalización. El futuro de todos los consultores de aquella planta y varios cientos más dependía en parte de su estado mental, y éste no parecía ser el más adecuado. Volvió hacia su despacho, con el gesto de haberse olvidado algo, sin que nadie hubiese fijado su mirada en él. Como muchos otros, había mostrado su apoyo a Wikileaks, pero no era tan importante para los poderes como para que fijasen en él su atención.


Se sentó frente a su ordenador y cogió aire antes de abrir el correo. Abrió la bandeja de entrada y un único correo, sin remitente y sin “Asunto”, colgaba de ella. Francisco empezó a leer:


El fondo de microondas es la historia del Universo, efectivamente, con todo lo que ello implica. El fondo de microondas que nosotros podemos leer ahora, unos 1.500 millones de años después de tu época, no es el que se captó en 1992 desde el COBE, aunque el principio de anisotropía se mantiene. La diferencia no sería reconocible con vuestros toscos aparatos de medida, pero hemos aprendido a leer esa historia, que difiere de la del COBE en 650.000 años. La radiación de fondo de microondas, además del momento primigenio de creación del Universo, también contiene la historia de cada galaxia, de cada estrella, de cada planeta, de sus componentes orgánicos e inorgánicos, de sus seres vivos; de cada uno de ellos, y en nuestra época podemos leer la historia real del Universo. Por eso hemos podido conocerte.


Para ello hemos tenido que viajar en el tiempo para leer el fondo de microondas cientos de miles de millones de veces. Somos capaces de teletransportarnos en el espacio y de trasladarnos en el tiempo pretérito, aunque esto último intentamos evitarlo por el principio de prudencia. En cambio, no somos capaces de viajar hacia el futuro, porque para nosotros no existe, aunque está ahí.


Utilizamos la energía de los cuásares para mantener los sistemas de computación en órbita permanente alrededor de los agujeros negros de varias galaxias. Todos los humanos podemos conectarnos con la red global para obtener información del pasado. Ni que decir tiene que ni dedicando por completo la existencia de los 200.000 millones de humanos en el Universo seríamos capaces de conocer TODA la Historia. De hecho, la información sobre la historia del Universo “flota” repartida en el horizonte de sucesos del agujero negro central de cada Galaxia, permitiendo el acceso inmediato a la misma.


Recomponer la historia evolutiva de sistemas tan complejos como un ser humano requiere una enorme capacidad de cómputo, pero tenemos medios suficientes para restaurar vidas individuales con notabilísima exactitud, como puedes comprobar.


Como te avanzábamos en el mensaje, Penrose y Gurzadyan han marcado el camino de la comprensión del Universo. El Universo se expande y se contrae infinitas veces para generar un nuevo Universo. El ciclo es algo similar a una corona, en la que la base representa un espacio/tiempo adimensional eterno y las puntas nuestro Universo, que se va repitiendo eternamente.

En un ciclo infinito de Universos “sucesivos”, la extensión de cada uno de ellos creando el espacio, conlleva una ralentización del tiempo, proceso que se acelera a medida que el Universo se contrae. Si representamos vuestra época con una raya verde en uno de los Universos, vemos que el tiempo se contrae, lo mismo que el espacio. Nosotros estamos en el mismo Universos que tú, aún en el ciclo de expansión espacial y contracción temporal y nos he representado con la raya roja, mientras que nuestros mensajeros del futuro, de los que te hablaré más adelante, ya están en el ciclo de contracción espacial y dilatación temporal, y los hemos representado con la raya negra,

Hemos subrayado el término sucesivos en el párrafo anterior porque el tiempo es una propiedad y característica de cada Universo, creándose y desapareciendo con él.

Desde el tiempo en el que te escribo, el sistema solar ya no existe. Desde hace eones la raza humana ha ido expandiendo la vida por toda la Galaxia.

Cada partícula del Universo está dotada de un algoritmo combinatorio que determina su comportamiento temporal. Una vez agotadas las combinaciones en el sentido de la ralentización, comienza el ciclo de la aceleración, como un muelle que se contrajese y dilatase eternamente, definiendo en ese devenir el tiempo que será.

Hasta aquí una somera explicación del conocimiento de los humanos en este momento. Pero hace dos años empezamos a recibir unas comunicaciones de un futuro lejanísimo que nos han llevado a ponernos en contacto contigo.

Por lo que nos han contado, quedan unos pocos de miles de millones de seres humanos en su demarcación temporal, concentrados en las zonas más frías del Universo, luminoso y continuamente bañado por las radiaciones de la materia y por la energía que se está contrayendo.

Necesitamos saber si estás dispuesto a seguir.


Francisco no daba crédito a lo que estaba leyendo, El texto y el simplón gráfico le recordaban demasiado al estilo de un lejano colaborador que, además, era lector de ciencia ficción, como para suponer algo distinto a una elaborada broma. Marcó su teléfono y mientras esperaba que se estableciese comunicación, otro correo apareció en su bandeja de entrada.


No ha sido él. Recuerda que sabemos lo que va a pasar.”


-Si sabéis lo que va a pasar, ¿por qué dejáis que pase? - dijo Francisco en voz alta, logrando que algunas cabezas de los empleados que trabajaban para él en la sala diáfana se girasen para mirarlo.


Otro correo. “Necesitamos saber si estás dispuesto a seguir. Contesta por escrito a nuestro correo.”


Actuó rápido y racionalmente; para eso le pagaban. Escribió, aunque estaba convencido de que aquel correo no llegaría a ningún lado. “Si ya sabéis lo que va a pasar estáis obligados a seguir a la letra la historia que habéis leído en el fondo de microondas; no os podéis desviar ni un ápice. ¿Qué interés tiene, entonces, viajar hacia el pasado? ¿Qué queréis de mí? Pulsó la tecla Intro y, contra todo pronóstico, el correo salió de la bandeja. De inmediato recibió otro correo anónimo con un enlace a You Tube. Pulsó sobre él y apareció la imagen de dos humanos, hombre y mujer, sobre un fondo negro. Ambos eran altos y delgados e iban vestidos con una especie de gasas que parecían estar en continuo movimiento. También ambos sonreían, pero parecían un poco nerviosos.


-Hola Francisco, dijo la mujer. Mi nombre es MarBreve y mi compañero se llama 3Ríos. Somos especialistas en la historia de la Humanidad, pero nunca nos habíamos adentrado en tiempos tan remotos.


No existía sincronía entre el movimiento de sus labios y el sonido de su voz, pero no parecía responder a un desfase temporal, sino a una traducción simultánea.


-Si lo hemos hecho ha sido por los mensajes que hemos recibido del futuro. Como ya te hemos avanzado, hace dos años que en nuestro almacén de historia, que flota en los horizontes de sucesos de los agujeros negros, comenzamos a recibir una serie de teoremas desarrollados respecto al universo Penrose – Gurzadyan, que iban mucho más allá de nuestros conocimientos. Todos los expertos en física de nuestras civilizaciones se pusieron a trabajar en el desarrollo de los teoremas, que habían entrado en nuestro sistema de una forma tan mágica como te lo habrá parecido nuestro truco del correo, del mensaje o este mismo vídeo. Vídeo que, te adelanto, es interactivo, aunque no sería necesario que así fuese, porque, como muy bien has comprendido, sabemos lo que va a pasar.


-Nuestros físicos concluyeron que el cuerpo de los teoremas que habíamos recibido del futuro eran correctos y plausibles. Estos teoremas apuntan a que el ciclo infinito de un universo que se dilata y se contrae se aplica también a cada uno de sus componentes, de tal forma que todos los universos “sucesivos” son el mismo Universo, en cada una de sus historias. Eso quiere decir que ha habido infinitos Francisco que han mantenido esta conversación e infinitos Francisco que la mantendrán en sus respectivos universos. Todos y cada uno de nosotros nos hemos repetido y nos repetiremos eternamente en un tiempo global inexistente. A no ser…


Francisco sabía que tenía que decir “¿a no ser qué?”, pero era incapaz de articular una palabra. Al cabo de unos segundos logró susurrar la maldita frase.


-A no ser que podamos modificar el patrón. -respondió 3Ríos. Su voz era profunda y suave al mismo tiempo. Le miraba, o así le parecía a Francisco, directamente a los ojos.


-Nuestros descendientes han encontrado una singularidad muy específica en el año 1 de vuestra datación. Una singularidad en la que, como en todo este proceso, hemos visto que estamos comprometidos MarBreve y yo. Hemos estudiado al detalle ese año y estos últimos meses de tu época. ¿Cómo hemos llegado a ti? A través de los algoritmos de los teoremas el futuro.


-¿Pero qué es lo que queréis de mí? -replico furioso.


-Déjanos que acabemos de contarte, por favor. La singularidad se refiere, como ya habrás imaginado, a Jesús de Nazaret. Las simulaciones que hemos proyectado permiten suponer que la incorporación de sus enseñanzas a la Humanidad puede romper este bucle infinito de universos repetidos, especialmente algo que vosotros calificáis como amor, y que en realidad es una fuerza universal parametrizable y verdadero motor de los sistemas complejos vivos.


-Todos los cálculos nos llevan a la conclusión de que para la singularidad se extienda convenientemente, se han de producir dos eventos significativos. -prosiguió en esta ocasión MarBreve- Uno de ellos es que dentro de diez días te reúnas a las 14 horas hora local en el hotel Diwan de Ammán con Ata, una neurocirujana cubana que trabaja en los campos de refugiados palestinos de Jordania. Ese mismo día tenéis que fecundar un hijo... 


-¿Qué? -gritó Francisco, atrayendo ahora sí la atención de casi toda la sala. Francisco era un hombre tranquilo y nunca le habían oído chillar.

-… que nosotros trasladaremos al año 1 de tu datación. -continuó MarBreve como si no hubiese escuchado a Francisco- En estos momentos, Ata está en comunicación con nosotros y le estamos explicando lo mismo que a ti. También sabe que nosotros nos encargaremos de avisar a sus padres postizos, a los pastores, a los reyes Magos, y que nuestro sistema de transporte temporal de este ser será percibido como una estrella que se dirige a Belén. Pero necesitamos algo más de tu persona.


-¿Más que echarle un polvo a una desconocida en Jordania?


Francisco se permitía ya ser irónico.


-Más. -respondió escueta, MarBreve- Nuestros viajes en el tiempo se basan en un concepto que no contempláis en vuestra física. Lo denominamos “alineación de tensores temporales”. Tú sabes que el tiempo transcurre más lento en lo alto de una montaña que en la superficie de la Tierra o de cualquier masa orbital. El Universo al completo está cubierto de tensores temporales, que nosotros aprovechamos para propulsarnos hacia el pasado. La alineación de los tensores se realiza con el tiempo particular del objeto a trasladar. Una vez sincronizados, únicamente hay que ejecutar las instrucciones de navegación grabadas en el objeto a transportar si no es consciente, o evocar el destino temporal y espacial en el caso de humanos.


-Al repasar tu historia, a indicación de nuestros misteriosos descendientes, hemos descubierto que el principio de los tensores temporales nace del relato que por estas fechas escribirá el colaborador al que ibas a llamar antes. Tienes que ponerte en contacto con él y contarle todo lo que está ocurriendo, pero como si fuese una idea para el guión de un cuento de Navidad. La Historia de nuestro Universo necesita que así lo hagas.


-¿Hay más? -preguntó Francisco.


-Sí. -respondió 3Ríos- No sabemos por qué, pero hay una relación establecida entre el acto de creación de ese nuevo ser y una singularidad alrededor de ti y de Jesús de Nazaret. Ha llegado un punto en el que desconfiamos de los mensajes del futuro. Hemos considerado la posibilidad de que resultasen malintencionados y que su objetivo fuese mantener el universo repetitivo. No tenemos ninguna certeza al respecto. Necesitamos tu colaboración personal en este punto


-¿Y qué he de hacer especial? Supongo que no esperaréis encontrar en mí al ardoroso amante latino o algo parecido. -replicó Francisco.


-No. -respondió con una sonrisa 3Ríos- Se trata de algo que debe estar dentro de ti. Algo que en tu época se llama fe.


En ese momento se cortó la comunicación sin previo aviso. Como estaba escrito, Francisco cogió el teléfono y llamó a su antiguo colaborador e hizo lo que tenía que hacer.




Ata miraba fijamente la pantalla de su teléfono móvil:

-¿Qué pasa con el hijo que conciba? ¿O no voy a concebir ningún hijo?

-No es que no vayas a concebir un hijo. -contestó MarBreve- Vuestro embrión será teletransportado en el espacio y en el tiempo y se desarrollará en otro vientre.

-¿Tiene que ser mediante relación carnal? ¿Por qué yo?, ¿por qué nosotros? -sollozó Ata.´

-Tiene que ser relación carnal y no conocemos la razón, como no sabemos por qué precisamente vosotros dos. Entendemos que estés confundida, porque nosotros tampoco lo acabamos de entender.

-¿Qué quieres decir?

-Está en juego el concepto de eternidad, y no es cualquier cosa. Hemos recibido unos teoremas matemáticos desde el futuro que nos han permitido comprobar que el Universo es cíclico y repetitivo en todos sus detalles y, además, amnésico. A través de una comparación con un animal mitológico, es posible que te lo pueda explicar mejor: el Universo es como el ave fénix, pero en vez de renacer cada 500 años, lo hace cada 90.000 millones de años.


-Durante esa ingente cantidad de tiempo, el Universo se expande y se encoge, desde un big bang hasta un big crunch. Lo que nos han soplado desde el futuro es que el big crunch es seguido por un big bang, que repetirá las historias de todas las partículas hasta un nuevo ciclo big bang/big crunch, creando su propio tiempo, y así hasta el infinito temporal suprauniversal.


-Tenemos que intentar que ese devenir se modifique, y que la eterna expansión y comprensión del Universo genere universos sucesivos distintos en algunas de sus facetas, y con memoria de lo vivido anteriormente por los seres vivos. En realidad, la aproximación más poderosa que puede hacer el ser humano respecto a un concepto que por su magnitud, se escapa a nuestras capacidades cognitivas, es a través de los recuerdos. Vivir eternamente la misma vida sin recordar que la has vivido, frente a vivir nuevas vidas recordando las que ya has vivido. En principio, parece claro que todo depende de vuestra elección; si cualquiera de los dos decide no acudir a la cita, la singularidad hallada tendrá la respuesta en sí misma y no en un hecho ligado al futuro. Pero no es tan sencillo.


-¿No? Yo no veo ningún problema en no acudir a la cita.


-No lo hay por el simple hecho de que vas a acudir. Sabemos lo que va a pasar y lo que vamos a decir nosotros, pero no sabemos qué va a pasar en nuestro tiempo posterior en un solo segundo. Puede que nuestros descendientes sí puedan. Ellos han sido los que nos han proporcionado también la tecnología para el seguimiento histórico de los seres complejos.


- Pero me habéis dicho que podíais viajar hacia el pasado.


-Sí, lo podemos hacer y podíamos hacerlo ya antes de que recibiésemos los mensajes del futuro, pero el riesgo de contaminación histórica es muy elevado. Ahora podemos conocer el pasado histórico con detalle sin tener que viajar en el tiempo, pero no hace más de un año que manejamos esta tecnología.


-¿Te preocupa? -preguntó Ata.


-No; me preocupa el hecho de que no me preocupe. Fíjate que vamos a generar un lazo temporal único que, supuestamente, cambiará el destino del Universo. Pero sus efectos se producen a partir de ese mismo momento, en nuestra época y en ese futuro lejano desde el que nos reclaman colaboración, como la que nosotros os pedimos. Pero nosotros no nos podemos comunicar con el futuro, como hacemos hacia el pasado. No podemos pedirles una confirmación de los efectos en el futuro de los cambios que vamos a introducir, y tampoco nos la han pedido. Si, en efecto, son cambios. Nos inquieta que nos hayan dado tan poco tiempo para conocer su tecnología y que no podamos comunicarnos con ellos.


-¿Qué quieres decir?


-Tanto 3Ríos como yo somos actores secundarios en este proceso. Y vosotros también. ¿No es posible que el hecho de actuar sobre esa singularidad en concreto con un bucle temporal sea por sí mismo el desencadenante de un Universo amnésico? Puede que estemos siguiendo a ciegas unas instrucciones que no coinciden con los deseos manifestados por los humanos de mi época, y que no son otros que conseguir un Universo con memoria; la vida completa y eterna. Como te decía, me preocupa que no me preocupe. Sospecho que puede haber algún tipo de condicionamiento.


-Pero si os han entregado la formulación matemática que permite leer la historia de los humanos en el fondo de microondas, podéis comprobar el desarrollo de la singularidad.


-Nos extrañó desde el principio que entendiésemos los algoritmos, y que pudiésemos fabricar con cierta facilidad los nuevos lectores del fondo de microondas, necesarios para la lectura en detalle de nuestros antepasados. Pero a pesar de ser gigantesca, nuestra capacidad de procesamiento es limitada, por lo que no podemos extraer certezas absolutas de nuestros seguimientos, por ser parciales. Ellos lo saben y no nos han proporcionado información sobre nuevos sistemas de procesamiento de información.


-Al saber lo que iba a pasar,- replicó Ata-, ellos también están atrapados en un bucle temporal, por lo que están en las mismas que nosotros.


-Sí, Ata. -contestó en tono cansado MarBreve- A no ser que puedan viajar también hacia el futuro, más allá del big crunch, que tienen relativamente cerca.




La incesante matanza entre palestinos y judíos, en la que los primeros llevaban, con mucho, la peor parte, parecía no tener fin; el odio acumulado impedía que aflorase el mínimo de racionalidad si no era para intentar destruir al enemigo. Dos generaciones en ambos bandos se habían criado en el miedo y el odio al y contra el rival.


Más de cuatro millones de palestinos en la diáspora, muchos de ellos alimentando con más odio, guerrilleros, suicidas y dinero a los que aún resistían, entre escombros y sueños rotos, en Gaza y Cisjordania.


Ata llevaba cinco años trabajando para UNRWA en el campamento Jabal El-Hussein, construido en Ammán en 1952. Encontrar a su marido en su cama con su hermana, había hecho mucho más que la propaganda oficial para que se apuntase a las brigadas sanitarias solidarias que se impulsaban desde el gobierno de La Habana.


Se sintió de inmediato absorbida por el dolor de aquel pueblo sin patria y desarrolló un automático rechazo hacia Israel y todo lo judío en general, rechazo que se fue serenando al observar el fanatismo e intransigencia de los movimientos integristas que habían causado furor en los campos: el adoctrinamiento de los niños, el lamentable papel social de las mujeres…


Aquellos años conviviendo con la sórdida injusticia le habían aportado algunas canas en su cabello brillante y negro y la posibilidad de liberarse de todos los sus que le habían ocupado inútilmente la vida.


La conversación con MarBreve la había dejado casi cataléptica. Apenas entendía nada de lo que le había contado aquella joven desde el futuro, pero era plenamente consciente de que estaba viviendo una realidad de pesadilla pero al mismo tiempo excitante. Hubiese dado cualquier cosa por evitar la situación de aquellas personas para las que trabajaba y que la vida les proporcionase unas condiciones de vida dignas. Si su actuación permitiese que todo aquel dolor que ella había compartido con los refugiados y que no era exclusivo de los refugiados palestinos, ni mucho menos, valiera la pena, aunque tuviese que acostarse con una persona a la que no conocía.




Al bajar del avión notó que el aire olía distinto. Marzo estaba resultando algo más frío de lo habitual en Ammán. Francisco se empapó desde el primer instante la omnipresencia del ejército en las calles, en los centros comerciales, en los edificios administrativos e incluso en los hoteles, con arcos magnéticos en sus entradas. Ammán se mostraba como una mezcla entre las zonas residenciales de Florida y la España desarrollista de los sesenta del siglo XX, con enormes residencias con piscinas olímpicas y barrios a medio construir con miles de plásticos voladores por las calles, sin solución de continuidad.


Había reservado una habitación para dos personas durante diez días en el Marriott de la capital jordana. MarBreve y 3Ríos habían concertado la cita entre Ata y Francisco a modo de casamenteros. Francisco había pedido permiso en el trabajo por un asunto personal grave y a sus padres les dijo que tenía que salir de viaje de trabajo.


Subió a su habitación, dejó las maletas, se duchó y se cambió de ropa. MarBreve había previsto la cita a las 12:30 horas en la puerta del hotel y Francisco no quería llegar demasiado pronto, por lo que se tomó su tiempo. Desconectó el teléfono móvil, desenganchó la clavija del teléfono de la habitación y le quitó la batería al ordenador portátil que llevaba siempre consigo. No quería ni por lo más mínimo hablar con los lunáticos del futuro; ya había tomado una decisión e iba a cumplir su objetivo.


Cinco minutos antes de lo previsto salió del hotel para toparse frente a un Land Rover del siglo pasado con las siglas UNRWA pintadas en el lateral y en el techo. Detrás del vehículo le esperaba una mujer de su edad, de pelo negro azabache y mirada dulce, aunque en aquel momento nerviosa.


Las torpes presentaciones y los dos besos latinos de rigor quedaron apagados por una sensación extraña en ambos. El ruido del tráfico y del mismo todoterreno mientras atravesaban la ciudad hicieron menos incómodos los múltiples silencios que se produjeron en el camino hasta el campamento, en el que entraron sin ningún problema con la acreditación que portaba Ata.


Fueron diez días llenos de imágenes nuevas para Francisco y de un progresivo acercamiento para ambos, sonrisas y miradas que se iban convirtiendo en cómplices a medida que el tiempo transcurría. Emociones intensas desde fuera y desde dentro que se entrecruzaban como sus manos mientras paseaban al atardecer de los últimos días de aquel invierno.


El día anterior a la partida de Francisco sucedió lo que ya estaba previsto que sucediese, pero ninguno de ellos tuvo la sensación de estar cumpliendo una obligación. El amor se mostró en forma de deseo y piel, un infinito palpar para no olvidar. En un momento de la noche ambos percibieron una luz inmensamente blanca surgiendo del vientre de Ata y ascendiendo más allá de la casamata en la que vivía Ata y donde había acogido a Francisco.


Se despidieron en el aeropuerto sin que Ata bajase del destartalado vehículo. Francisco entró en el edificio sin mirar atrás. Ata puso la primera y arrancó. Francisco subió al avión, se sentó y sacó de su cartera la mitad sin foto de su tarjeta de identificación del campamento donde Ata había apuntado su número de teléfono y su cuenta de correo; la otra mitad se la había quedado Ata con la imagen y los datos de Francisco.




-Algo falla-. 3Ríos apenas podía hablar.


-¿Qué sucede? –preguntó MarBreve desde el otro extremo de la sala.


- Se ha producido un desvío en la trayectoria del embrión. No se dirige al vientre de María.


-¿Cómo?


- Lo que estás oyendo.- contestó, desabrido 3Ríos. Está en el vientre de una mujer en la región palestina de Magdala.


-Ya está, dijo MarBreve. Ahora identifico la otra singularidad que aparecía. Es María Magdalena.




Nada más llegar a Madrid, Francisco quedó con su colaborador y le contó lo sucedido en Jordania. Sin saber ni por qué ni para qué, se resistió a la tentación de llamar o escribir a Ata. Tampoco volvió a tener noticias no de 3Rios ni de MarBreve.








El 21 de diciembre del año 1 nació con dolores y del vientre de una mujer de Magdala una niña, a la que pusieron de nombre María.






Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño.


Se les presentó el Angel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor.


El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»


Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»


Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.»


Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.


(Lucas, 8, 16)




Last, desde el tiempo lejano, suspiró. Ahora sería diferente. Ya no llegaría de nuevo a esta situación de ser el último ser humano con vida. Le avergonzaba tal condición y se la ocultó, mintiendo, a MarBreve y 3Rios.


Last sabía que lo que le faltaba a su pasado era la diosa acompañada por el dios. Ahora el Universo sería libre.




3Ríos desvió un momento la mirada del holograma que estaba examinando para posarla en MarBreve, y supo que en aquel momento debería estar mordiendo la punta de su lengua, pero no lo hizo. Sonrió.




Un mes antes, Francisco estaba leyendo la prensa en el ordenador. Le gustaba tomarse unos minutos a solas en su oficina para repasar las tristes y repetitivas noticias de lo que al mundo le dolía, antes de empezar a leer la ristra de correos que le esperaba todos los días.


Hacía frío en Madrid, pero no en su despacho. Febrero de 2014 estaba resultando especialmente duro y ya había nevado en un par de ocasiones. Las portadas de los periódicos digitales abrían con información meteorológica. Francisco fijó su atención en un pequeño recuadro en el que aparecía el nombre de Roger Penrose. Su preparación académica como físico, aunque sin ejercer, le permitió entender entre las tonterías que solían escribir los periodistas el verdadero sentido de la noticia. Eran las 09:12 de la mañana. Mientras leía, supo que el teléfono móvil tenía que registrar la entrada de un mensaje, pero no lo hizo. Entonces entendió: había comenzado el cambio. Sin saber muy bien por qué, abrió su cartera y encontró media tarjeta de acceso a un campo de refugiados a su nombre. En el figuraba un número de teléfono y una cuenta de correo. También sin ser muy consciente de ello, marcó el número escrito en la tarjeta.

- ¿Francisco?

- ¿Ata?

- Creo que nos conocemos.

- Yo también.

-Tenemos que vernos.




A las 09:12 minutos, hora local de Madrid de un día de finales de febrero de 2014 de la era cristiana del Universo siguiente al actual, todos sus seres vivos sintieron que su historia estaba abierta.






Comencé a escribir este cuento en diciembre de 2013, pero lo dejé. Hasta ahora. Esperaba la llamada de Francisco. Ayer me llamó desde Jordania.









Dedicado a Francisco Calvo Vicente, a la sazón, ser humano.

lunes, 4 de diciembre de 2017

CUENTO DE NAVIDAD 2017


LA REVELACIÓN

-¿Pero por qué, madre?

Ana casi sonrió divertida al oír la pregunta de los labios de David, puesto que eran las mismas palabras que habían surgido de su boca cuando su padre le hizo partícipe de la Revelación. Hacía dos años estándar que no se veían; ella tan ocupada en sus exploraciones mientras él no hacía más que crecer y crecer.

Habían pasado los dos últimos días en su nave practicando el juego que a David más le divertía “en la nave de mamá” y que consistía en dejarse arrastrar al límite del horizonte de sucesos de un agujero negro para salir hacia el hiperespacio impulsados por la brutal atracción gravitatoria. El salto del estómago y la tenue sensación de no ser en el instante del salto hacían que el niño, ya de bebé, estallara en carcajadas.

Ahora la contemplaba con semblante serio y algo angustiado. Hacía mucho que no era un niño y tenía otras diversiones, pero siempre que se veían dedicaban un tiempo a recordar esos momentos que, no sabemos por qué, son especiales.

 Dos horas de inmersión sensorial en la historia de la especie de la que provenían lo habían dejado exhausto y perplejo. Miles de años de conceptos que hasta ahora jamás había aplicado a los seres humanos -guerra, hambruna, rico, asesinato, celos- o algunos tan abstractos como finanzas, poder, codicia, patria o dinero, que requirieron varios ajustes sucesivos, se resumían en aquella pregunta: 

-¿Pero por qué, madre?

En aquel momento no sabía, o no quería saber, cuáles de los muchos ”por qué” que conllevaba la Revelación, estaría bullendo en la cabeza del adolescente.

Por qué esperar a los dieciséis años para contarles aquello.

Por qué aquello era tan importante… y por qué ellos.

Para las dos primeras Ana tenía una serie de respuestas establecidas por generaciones y generaciones de psico sociólogos, que iban afinando al fonema sus análisis; no era de extrañar cuando contaban con tiempo ilimitado. Pero para responder a la última tendría que volcar todo lo que pudiera del vínculo afectivo que los unía, y eso seguía siendo impredecible.

La necesidad de esperar a que la estructura mental de los humanos fuese capaz de asimilar la Revelación recomendaba que se buscase el momento justo para que fuese transmitida. El procesamiento de todos los datos de la vida de David situaba el nivel de madurez idóneo en el mes estándar del día de hoy y por eso se le había mantenido en la ignorancia absoluta sobre su origen; por su propia seguridad.

Lo había recogido en la granja de Adermón, un bello planeta que giraba como podía entre dos enanas amarillas. El resultado era un continuo de luz suave sobre la superficie el planeta y que había facilitado que los humanos se instalasen en él tras haber comprobado la no existencia de vida evolucionada. Más de quince mil planetas de la galaxia contaban con instalaciones humanas que albergaban a los miembros más jóvenes de la especie y se convertían en centros de encuentro para todos cuando retornaban de sus exploraciones.

Ese era uno de los pocos rasgos primitivos que conservaban de sus ancestros: el placer por conocer, la necesidad de comprender. Quizás estos habían sido los que habían salvado a la especie del exterminio y los que estaban detrás del proceso evolutivo que vivían y del que ya conocían el fin pero no su significado.

David era el único hijo que tenía y que tendría Ana. Lo concibió  con veintitrés años naturales y con él se cerró el ciclo reproductivo. Una de las consecuencias que tuvo la reprogramación celular de sus antepasados, ya miembros de esta nueva especie, fue la limitación reproductiva de los sexos a partir del instante de la concepción de un nuevo ser y que blindó evolutivamente el futuro cuantitativo de la especie.

Ana seguía tendiendo veintitrés años y Josué a punto de los veinticinco. Así seguirían hasta que el Universo desapareciese o un accidente no dejase una brizna de su ADN. Hasta uno de esos dos momentos, sus cuerpos se rejuvenecerían continuamente en un proceso en el que sus células habían aprendido el doble camino de la apoptosis individual y de la regeneración colectiva de todos y cada uno de sus órganos, de tal modo que ni la vejez ni la enfermedad, que observaban en el resto de filos, excepto en los más simples, actuaban en sus cuerpos.

El momento reproductivo venía marcado en sus genes y los investigadores de esa materia habían constatado que ese punto se iba adelantando generación tras generación a un ritmo desconcertante, pero que seguía coincidiendo con la madurez mental de los individuos. Ana y Josué habían decidido libremente procrear un hijo y lo hicieron en el momento en el que sintieron que era el apropiado, muy lejos de los treinta y cinco años en los que se paró el reloj biológico de sus primeros antepasados.

Precisamente de los seres simples aprendieron la técnica de la inmortalidad de las células y ese descubrimiento marcó el fin de la especie que los precedió. El sueño de la invulnerabilidad ante la muerte estaba al alcance de la mano, pero su acceso traería consecuencias fatales, como acababa de aprender David.

Miles de años de la historia de sus ancestros biológicos, ancestros mucho más musculados que ellos, con la cabeza más redonda, con dientes más amplios y bocas más grandes y con pelo en la cabeza y en distintas partes del cuerpo diferenciadas por el dimorfismo sexual habían sido absorbidos por su joven cerebro. La conclusión que alcanzó fue que progresaban basados en la destrucción y el enfrentamiento, tanto con su medio ambiente como con sus congéneres.

Aquellos seres eran inteligentes, al menos lo suficiente  para conseguir detener el ciclo de envejecimiento tras haber sido capaces de vencer todas las enfermedades, pero colectivamente carecían de los valores sobre los que se sustentaba la especie de David y sus antepasados.

Esa ausencia provocó que aquella humanidad se enfrentase con ansias de aniquilación entre quienes habían conseguido el ansiado elixir y aquellos con los que no querían compartirlo, que eran la mayoría de una población de diez mil millones de habitantes, hacinados en inmensas ciudades, sometidos a los delirios del mercado, guerras  y otras pandemias, mientras que unos pocos millones, además de vivir en mansiones a la usanza de los patriarcas romanos, habían concentrado todas sus inversiones en conseguir el remedio a lo único que los igualaba al resto de la humanidad y a lo que de ningún modo pensaban renunciar ni compartirlo.

El dinero no servía para pagar la defensa de los legítimos intereses de los poderosos, ya que la moneda de cambio era el acceso a la juventud eterna, por lo que se aceleró la construcción de robots de ataque y defensa, a lo que la humanidad excluida respondió con más hijos, más robots y más violencia. Ambos bandos contaban con armamento nuclear, que jugó un puro papel disuasorio hasta el final, y con medios desarrollados para la guerra bacteriológica, que abandonaron tras constatar la imposibilidad de limitar sus efectos, y de un inmenso odio.



Tanto ricos como el resto enviaron expediciones al espacio exterior y desarrollaron en paralelo los sistemas de propulsión sobre los que se basaba la actual tecnología de su especie. La tensión en el planeta era ya insostenible. La presión demográfica forzó la invasión de las fincas y propiedades de los poderosos. Centenares de millones de personas murieron en aquellas masacres. Al final, no se sabe cuál de los bandos primero, uno de ellos, apretó el botón, lo que provocó la respuesta automática del otro bando y todo rastro de vida vertebrada desapareció del planeta.

Unas pocas decenas de miles de humanos era lo que quedaba de la especie inteligente del planeta. La perspectiva que a todos les dio vivir en aquella inmensidad, la infinita sensación de su ínfima condición, propició que fuesen amistosos los encuentros entre los antaño rivales. Y por azar resultó que el fruto de las uniones en el espacio entre los que mantenían su juventud con el elixir y los herederos de la humanidad excluida; solo esas uniones y en el espacio, generaron a los primeros Eternos y antepasados de todos ellos.

Cuando se agotaron las reservas del elixir todos los que gracias a él se mantenían con vida acabaron muriendo. Los pocos humanos de las generaciones nacidas en el espacio ocuparon varios planetas, pero en todos ellos se produjo una involución tecnológica inducida por el miedo a los resultados conocidos del progreso. Los moradores de aquellos planetas vivían atemorizados por leyendas y religiones, siendo objeto de especial atención de los Eternos, en los que el mismo proceso que puso en marcha la creación de un organismo perfecto en términos bioquímicos, su cuerpo, fue mejorando el diseño que lo sustentaba.

Los cuerpos se estilizaron y se alargaron las extremidades, mientras que el cráneo se estiraba hacia atrás. Los cambios no se limitaron al cuerpo, sino también a las emociones. Desarrollaron la comunicación telepática sin abandonar la verbal; los últimos cientos de generaciones ya estaban capacitadas para la telequinesis, pero seguía limitándose a objetos inanimados. A pesar de que su empatía era incluso temeraria y por ello, eran absolutamente ajenos al ejercicio de la violencia, aunque la contemplaban y estudiaban en los  mundos habitados que visitaban, fueron capaces de vagar por el Universo como observadores neutros que aprendían continuamente de las ilimitadas capacidades creativas de la vida, buscando respuestas a las dudas que emergían con cada nuevo descubrimiento.

Su inteligencia en términos de abstracción no se benefició tanto como el resto del organismo y seguían dependiendo de la tecnología para absorber el conocimiento y para sus desplazamientos, pero más allá de sus mayores o menores capacidades individuales, habían establecido una colonización armoniosa de la galaxia. Sin embargo, desde el principio se produjo un fenómeno paradójico, como era la existencia de Eternos que deseaban dejar de serlo. La razón de ello no era más que las leyes del azar aplicadas al temperamento y que seguían vigentes en su organismo. Había Eternos que acababan aburriéndose soberanamente y, sencillamente, se suicidaban lanzándose contra una estrella cualquiera, muchos de ellos confortados en la creencia de que su muerte no era más que atravesar una puerta desconocida.

Por ello, el perfil dominante de la especie era el de investigadores, científicos, seres insaciables de conocimiento y que llevaban milenios buscando respuesta a una pregunta, la misma que le formulaba ahora su hijo.

-¿Por qué nosotros?   

La Revelación no solo reajustaba el cerebro del que la recibiese, sino que aportaba una perspectiva del devenir del tiempo, en el que el mismo ciclo se repetía una y otra vez en los planetas habitados por los descendientes de los humanos marginados y ellos, los Eternos, intervenían en aquellos ciclos. Sabían cómo intervenían, pero todavía no se había producido el fenómeno en ninguno de ellos. Aún faltaban unos cuantos milenios de tiempo estándar para que se diese en el primero de ellos.

Ana se removió en el asiento del salón de la nave. En el exterior un inabarcable fondo obscuro era incapaz de tapar del todo la energía proveniente de las galaxias y que brillaba trasparentando la negra tela a la que llamaban Universo. Miró a su hijo directamente a los ojos, como si quisiera hundirse en ellos para que comprendiese hasta la última gota de verdad que había en su respuesta.

-No lo sé, David, pero lo sabremos. Tenemos todo el tiempo del Universo para esperar. Mientras tanto, en un momento de tu vida sabrás a qué tienes que dedicar ese tiempo que se nos ha regalado y al que buscamos una explicación.  


LA LUZ

Ruth estaba a punto de concebir el fruto de su relación con Raúl. Eran ambos los últimos de los Eternos en edad de concebir y los primeros y únicos que concebirían un hijo cuya edad de equilibrio idóneo para el conocimiento de la Revelación fuese el instante de su nacimiento.

Ana y David, así como muchos otros familiares, seguían de cerca el nacimiento de su lejanísimo nieto. El resto de Eternos ajenos a la familia también estaban pendientes de las consecuencias de aquel fenómeno irrepetible.

A poco más de cuatro años luz de distancia, en un rocoso planeta habitado por herederos de los excluidos del elixir, un fenómeno en la esfera de los cielos había llamado la atención de tres magos alquimistas, que tras laboriosos cálculos determinaron que aquel fenómeno luminoso los guiaría allá donde se iba a producir un evento extraordinario: Dios  tomaría la forma de un ser humano. Y hacia allí se encaminaron.

El último esfuerzo de María coincidió con la suave expulsión de aquel Eterno tan especial del vientre de Ruth, su madre, para desaparecer e integrarse en el feto que iba a albergar ambos seres en armonía hasta que fuese crucificado por sus congéneres.


Y en el momento en que nació Jesús, los Eternos entendieron. Y dejaron de buscar.